"Amadís de Gaula": edición sevillana de 1539
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"Amadís de Gaula": edición sevillana de 1539

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La pólvora y los aceros, los caballos y los perros, patrimonio común de todas las naciones europeas, no explican por sí solos el desbordante avance de España en las tierras vírgenes de América […]. Lo que motivó a los españoles a embarcarse en la grande aventura, lo que animaba –daba ánimo y ánima–, a la muchedumbre alucinada que de las Antillas partió a todos los extremos de la tierra firme, fue el elemento mágico de los libros de caballerías […]. La vida de Amadís de Gaula empuja al pueblo a meterse en las carabelas. Y se registra aun algo más notable: la literatura de caballerías se remoza y renace con el descubrimiento de América […] como se ve en Italia el renacimiento de Platón, en España es patente el renacimiento de Amadís. (Germán Arciniegas, El continente de los siete colores)

La edición príncipe del Amadís de Gaula está desaparecida, la primera que se conserva fue impresa en Zaragoza en 1508. En la actualidad se tiene noticia de 18 ediciones antiguas; de la que es probablemente la novena edición de este libro de caballerías, impresa en Sevilla en 1539, se conserva en el fondo Rufino José Cuervo de la Biblioteca Nacional de Colombia un ejemplar único. Su hallazgo nos permite imaginar los libros de la literatura de entretenimiento que pasaban de mano en mano entre los grupos de conquistadores que viajaban hacia el Nuevo Mundo, acompañando sus noches e influenciando sus actos. Las hojas de este Amadís nos llaman para que acojamos en nuestra condición mestiza esa tradición cultural de sólidos cimientos, las raíces fantásticas de la Edad Media española, que guarda en su seno los símbolos de confianza en la cultura, cifrados en la esperanza humana de alcanzar todo amorosamente. Porque los caballeros andantes son adoradores y servidores de las damas, tal como lo expresó muy bien don Quijote al decir: “No puede ser que haya caballero andante sin dama, porque tan propio y tan natural le es a los tales ser enamorados como al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no se halle caballero andante sin amores; y por el mismo caso que estuviere sin ellos, no sería tenido por legítimo caballero, y que entró en la fortaleza de la caballería, no por la puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón”.

 

El Amadís de la Biblioteca Nacional es un bellísimo volumen de trescientos folios, más de 1.500 páginas en las ediciones de hoy, impresos a dos columnas con tipos góticos. Está ilustrado con numerosas xilografías, copiadas de las ediciones anteriores del libro y elaboradas en los talleres artesanales que cubrían la demanda de imágenes para ilustrar una amplia variedad de temas. Las atractivas figuras que se pueden apreciar en este impreso corresponden, en su mayoría, a ese momento de la producción del grabado en el cual, más allá del trazado de líneas de contorno, comienza a extenderse el interés por los detalles y se intensifica la búsqueda de tonalidades más ricas del blanco y negro. Este testimonio del más famoso de los libros de caballerías españoles fue impreso en Sevilla por Juan Cromberger, perteneciente a una verdadera dinastía de impresores y quien introdujo la tipografía en este lado del mundo, al celebrar el contrato de asociación para imprimir libros en México con el italiano Juan Pablos de Brescia. De esta forma, cumplía con el sueño de su padre, Jácome Cromberger, de “enviar a tratar é contratar en las indias”, atraído quizá por los rumores de las fabulosas riquezas del México encontrado por Hernán Cortés.

 

El libro perteneció primero a los bibliófilos de la familia Salvá; posteriormente pasó a ser propiedad de Ricardo Heredia, conde de Benahavis, quien lo vendió en una subasta efectuada en mayo de 1891. El exlibris del conde se conserva en la parte inferior de la cubierta del volumen, como un vistoso adorno que expresa la nostalgia por el esplendor del mundo caballeresco. El libro siguió viajando a lo largo del tiempo hasta cuando fue adquirido en París por el filólogo colombiano Rufino José Cuervo e ingresa finalmente en 1941 a la Biblioteca Nacional de Colombia, como parte del generoso legado de Cuervo a la institución.

 

El Amadís de Gaula pertenece al género de libros de caballerías compuestos en España a finales del siglo XV y durante la primera mitad del siglo XVI, caracterizados por ser obras de imaginación en las que predominan el ilusionismo, las maravillas y los encantamientos. En sus acciones se mezclan la verdad y la fantasía, suceden en tierras exóticas y lejanas, y en un remotísimo pasado. En el estilo narrativo de estos libros reside uno de sus más poderosos atractivos, incorporando el “suspenso” al interrumpir los acontecimientos en el momento climático de su desarrollo para que, mediante el seguimiento y aclaración de profecías y sueños, los lectores puedan convertirse “ficticia y lúdicamente en adivinos o magos; es decir, tener en las manos la adivinación del futuro novelesco” y, así, darle una proyección futura a la palabra y un sentido mágico al lenguaje.

 

Otro aspecto fundamental de los libros de caballerías es el de la acogida en sus páginas del amor cortés, que fue un ideal de adoración de la mujer propagado por Europa como una dulce epidemia desde mediados del siglo XII; constituyó una auténtica ética amorosa, simultáneamente parecida y en conflicto, cuando no opuesta, a la ética cristiana. Las prácticas de los preceptos del amor cortés devinieron en un culto refinado, en un estilo de vida destinado a influir enormemente en la sensibilidad occidental, al concebir la vida del hombre como un servicio de amor en el que se pueden desarrollar todas las virtudes de la persona.

 

Adicionalmente, el amor cortés está rodeado de incertidumbres: maldito para los anacoretas, espiritualizado por los místicos, además, fluctuó entre la idea de ser una pasión terrena y egoísta o una noble y hermosa. No es un amor platónico, ni tampoco enteramente carnal o lujurioso, sino sexual y espiritual, y representa una tentativa muy valiosa de espiritualizar la sexualidad y hacer voluptuosa la espiritualidad, dentro de las tensiones de un deseo no siempre satisfecho. De otra parte, el caballero enamorado está siempre asistido por ese “Dios” que es su amada, como cuando Amadís está en el límite de sus fuerzas y gana poder y resistencia contemplando la abundante cabellera de Oriana, a quien también se encomienda en su batalla contra el monstruoso Endriago, antes que al Dios de los cristianos. Uno de los aportes esenciales del amor cortés es el de la conformación del amador, y de su existencia, en medio de una situación psicológica donde el desasosiego y la inquietud se estabilizan, pasando de excepcionales a normales.

 

Se ha reconocido también que el Amadís de Gaula fue originalmente la españolización del mito de Tristán e Iseo, admitiendo al amor como valor absoluto, autosuficiente y asocial y presentando una visión optimista del mismo, en la que el sentimiento, la pasión y el heroísmo se pueden conciliar en un final feliz. De tal forma que uno de los grandes peligros identificados por los moralistas en los libros de caballerías, residía en la confusión de la idea del Paraíso y de los misterios cristianos con el goce de los sentidos, presentada mediante crónicas de vidas consagradas a amores llenos de deseo, de historias verdaderas que podían servir como modelos para el comportamiento humano. Es así como la historia de Amadís de Gaula cuenta que el caballero alcanza una suerte de Paraíso al convertirse en señor de la ínsula Firme, un lugar ameno y placentero, lleno de encantamientos y de pruebas mágicas que el héroe supera, como el arco de los leales amadores y la cámara defendida.

 

Los valores que la literatura le había atribuido al amor, en el contexto del ideal caballeresco, se manifestarán en las búsquedas de embellecimiento de la vida, en las que se mantendrán los propósitos heroicos. Es así como la figura del caballero andante sobresaldrá por encarnar lo mejor del culto al esfuerzo individual y su capacidad de resistencia en países lejanos y espacios misteriosos. Asimismo, será particularmente influyente el caballero andante, y Amadís de Gaula es uno de ellos, por su asociación entre la existencia y el viaje, que le lleva a vivir aventurándose tras la felicidad y el amor, asumiendo el riesgo de ejercer la voluntad propia.

 

Se puede establecer entonces, una correspondencia fascínate entre la expansión de los libros de caballerías y la aventura americana, en tanto esta permite concebir que en las historias ficticias y de entretenimiento, los conquistadores alimentaban las creencias que los hacían viajar “en demanda de reinos nunca vistos”. No en vano los libros como los del Amadís son narraciones que abarcan la realidad cotidiana y la subjetiva, que surge de ilusiones, pesadillas e imaginaciones.

 

En la mente de los conquistadores, cuando se van internando más y más en la tierra firme americana, hay una presencia permanente y activa de los caballeros andantes. Y este elemento deriva en que los libros de caballerías y crónicas de Indias comparten: la expresión de ambientes maravillosos, los sentimientos de estar viviendo aventuras únicas y, especialmente, la descripción de una naturaleza encantada. Por medio de ella, se traza una visión prodigiosa del mundo americano que constituye una realización literaria de los aspectos fantásticos del ideal caballeresco; es decir, como lo apuntó Bernal Díaz del Castillo, se confirma en el Nuevo Mundo la autenticidad de muchas de “las cosas  de que se habla en el Amadís”.

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RODRÍGUEZ DE MONTALVO, García. Amadís de Gaula. Juan Cromberger, Sevilla: 1539. (Perteneciente al Fondo Cuervo, ubicado en la Sala Fondo Antiguo, Nº clasificación: F. Cuervo 3196)
 
HERNANDO CABARCAS ANTEQUERA

Doctor en Filología Hispánica de la Universidad de Salamanca