Hacia una política pública de acceso a la información: el papel de la Biblioteca Nacional

Conferencia de Ana Roda Fornaguera,
Directora de la Biblioteca Nacional
Medellín 20 de marzo, 2013

Simposio G8 Bibliotecas

 

I. Reflexiones iniciales:

De acuerdo con la Ley General de Cultura (397 de 1997), la Biblioteca Nacional es la entidad responsable de la reunión, salvaguarda, organización y acceso al patrimonio bibliográfico colombiano; es también el organismo encargado de planear y formular la política de las bibliotecas públicas y la lectura a nivel nacional y de dirigir la Red y de Bibliotecas Públicas (Artículo 24).

Dos funciones muy distintas una de la otra, que involucran diferentes disciplinas y especialidades, distintos cuerpos de políticas públicas. Por un lado, una línea de trabajo relacionada con el patrimonio bibliográfico, como un cuerpo específico de contenidos que registran la historia y la cultura del país; y por el otro, una línea de trabajo relacionada la lectura y las bibliotecas públicas como centros de acceso a la información. Dos objetivos distintos pero que están profundamente relacionados si se los mira desde la perspectiva del desarrollo humano y de la construcción de sociedades de conocimiento, que es finalmente lo que justifica y explica nuestra tarea.

De nada sirve garantizar el acceso de la población a la información, si no se promueven las capacidades para hacer un uso provechoso de ella: esto es, la curiosidad, el interés, la posibilidad de leer y comprender, de usar y disfrutar lo aprendido. Y a la hora de darle un sentido y un valor al patrimonio bibliográfico que conservamos como "memoria y fundamento de la nacionalidad", que es como lo define la Ley, sucede lo mismo. Esta puede ser una labor costosa e inútil, además de pobre desde el punto de vista cultural, si esa memoria es parcial y no incorpora en ella la variedad de sucesos y poblaciones que le han dado forma a esa nacionalidad, si no es útil para la educación, la investigación, el conocimiento y los procesos de reconocimiento e identidad.

Con estas reflexiones doy inicio a esta charla, en la que me concentraré en la forma como la Biblioteca Nacional ha ido construyendo una política de acceso a la información, particularmente a la información patrimonial, en el contexto nacional y global.

Al final haré una breve referencia a la Red Nacional de Bibliotecas como un escenario favorable para la información, la lectura y la participación

 
II. La gestión del patrimonio bibliográfico nacional

La Biblioteca Nacional de Colombia, creada en 1777 como Real Biblioteca Pública de Santafé, es la más antigua en su género en América. Su primer fondo bibliográfico estuvo conformado por la colección que perteneció a los padres jesuitas, expulsados de los dominios de España por Carlos III en 1767. En 1823 se la agrega la biblioteca de José Celestino Mutis. Un año después, en 1834, se dicta la primera ley de Depósito Legal, mediante la cual el Congreso Nacional impuso a los impresores de la Nueva Granada la obligación de remitir a la Biblioteca Nacional “un ejemplar de todo escrito que se imprimiera en su imprenta, bien fuera libro, cuaderno, periódico, hoja suelta o impreso de cualquier otra especie”, lo que la convierte en custodia del patrimonio bibliográfico nacional disposición que, con algunas enmiendas, se conserva hasta el presente. De esta manera, y mediante mecanismos como el canje, la compra y la donación, a lo largo de su historia, de importantes bibliotecas y fondos documentales de distintas personalidades, la Biblioteca Nacional ha formado una colección de 2.200.000 volúmenes distribuidos en colecciones hemerográficas, bibliográficas y fondo antiguo.

En la década del 30 del siglo XX, la Biblioteca Nacional adquiere un gran protagonismo dentro del plan cultural y educativo del país con la creación de las bibliotecas aldeanas, que de alguna manera son el origen de la actual Red Nacional de Bibliotecas Públicas. Hoy esta red, coordinada por la Biblioteca Nacional, está compuesta por 1.406 bibliotecas, de las cuales 16 son departamentales, 45 distritales, 1.194 municipales, 134 rurales, 6 funcionan en consejos comunitarios afro y 11 en resguardos indígenas. Esta red, que constituye la infraestructura cultural más extendida del país, representa de muchas maneras su diversidad y su riqueza cultural, pero también sus desigualdades y sus rezagos.

De cara a su labor patrimonial, las bibliotecas departamentales deberían ser las socias naturales de la Biblioteca Nacional. Además de su función como bibliotecas públicas, tienen la responsabilidad de administrar el depósito legal y velar por la recuperación y salvaguarda del patrimonio en su departamento. Así lo estableció el Decreto 460 de 1995 y lo ratificó la Ley 1379 de 2010. Sin embargo, la falta de una política pública en la materia y de una conciencia sobre la importancia y sentido de este patrimonio, hace que esta sea una labor que se cumple de manera deficiente y en muy pocos departamentos del país.

Sólo 16 departamentos de los 32 que tiene el país cuentan con una biblioteca departamental;

De estas, sólo 6 están cumpliendo con la obligación de recibir el depósito legal y no más de 5 han organizado salas regionales, aunque en muchas de ellas existen obras y documentos de interés para la región, e incluso obras de gran valor.

En 12 departamentos no ha existido nunca una biblioteca departamental ni una municipal que asuma la función patrimonial y uno la cerró hace unos años pese a que contaba con espacio, una colección patrimonial organizada y era reconocida en el departamento;

Hay 3 casos especiales, como: la biblioteca departamental de Caquetá que funciona pero no está constituida legalmente; la de Magdalena, que sólo existe en la ordenanza pero no tiene espacio físico, y Cundinamarca para la que la Ley nunca contempló la existencia de biblioteca departamental.

En cuanto a la organización de las colecciones, la situación no es mejor: existen fondos sin identificar ni catalogar y hay problemas en la normalización de los datos bibliográficos. Aproximadamente el 35% de estas bibliotecas carece de un área de procesos técnicos y el 83% no tiene una política de catalogación o un manual de procedimientos.

En materia de acceso, no existen servicios interbibliotecarios establecidos entre la red de bibliotecas patrimoniales y apenas en tres casos se están iniciando, aunque muy lentamente, proyectos de digitalización. 

Finalmente, en la mayoría de las bibliotecas departamentales se detectaron deficiencias en las prácticas de higiene de las colecciones, carencia de condiciones adecuadas para su preservación y falta de políticas de conservación.

Existen muchas otras entidades de distinto orden, públicas y privadas, e incluso coleccionistas particulares que tienen colecciones patrimoniales de importancia y las tienen protegidas y organizadas, pero que no necesariamente están al acceso público, ni registradas como parte del patrimonio nacional.

Esta situación, sumada a la dispersión de colecciones y fondos, la falta de registro y, en muchos casos, la destrucción o pérdida de material valioso a lo largo y ancho del país, llevó a que la Biblioteca Nacional viera la necesidad de convocar a distintos actores para trabajar conjuntamente en el desarrollo de una política pública en la materia.

 

1. Hacia la construcción de una política

Esta tarea se inicia entre 1990 y 1992, cuando la Biblioteca Nacional organiza tres seminarios sobre el patrimonio bibliográfico nacional con miras a definir una política sobre el tema. En ellos se dieron los primeros pasos para la organización del sistema de bibliotecas patrimoniales y para la redefinición del carácter de la Biblioteca Nacional de Colombia, que operaba hasta principios de los noventa como biblioteca pública, privilegiando su condición de centro bibliográfico patrimonial nacional.

 
Esta línea de trabajo se retomó en 2009, y desde entonces se han organizado dos simposios nacionales, con el fin de acopiar elementos de estudio y análisis que permitan avanzar en el tema. Como resultado de estos simposios, en los que participaron representantes de bibliotecas y archivos, así como también investigadores y académicos del país y del exterior, la Biblioteca Nacional preparó un documento inicial de política.

Extraigo de éste algunas ideas que han orientado en los últimos tiempos la discusión al interior de la Biblioteca Nacional y que podrían considerarse focales en el desarrollo de una política pública sobre el tema[1]:

Sobre el concepto de patrimonio bibliográfico: Es claro que este es un concepto cambiante, y que su sentido se ha modificado a lo largo de la historia respondiendo a circunstancias culturales, históricas, políticas, sociales y tecnológicas de distinto orden. Por lo tanto, teniendo en cuenta los cambios que ha sufrido el país y el mundo en los últimos años, es necesario promover una reflexión que permita una definición más precisa sobre lo que hoy se debe conservar y cómo. Para empezar, al concepto de “patrimonio bibliográfico” le hemos sumado por lo pronto el de “documental”, para incluir explícitamente otros formatos en los que se registra la información y la memoria. Por otra parte, si pensamos que el principal mecanismo de recuperación que tiene una Biblioteca Nacional es el depósito legal, cabría preguntarse si realmente éste da cuenta de todos los materiales que tienen interés para la construcción de la historia y la memoria del país. ¿Qué pasa, por ejemplo, con materiales de circulación marginal, como los periódicos locales o los comunicados de un determinado grupo o gremio? ¿Qué pasa con los saberes, lenguas o testimonios de un sector minoritario de la población? ¿O con las diferentes culturas y sus distintos modos de transmitir sus relatos? ¿O con los documentos digitales que hoy son el medio por el que circula la mayor parte la opinión pública?

El patrimonio bibliográfico y documental es un bien público y por lo tanto, debe estar al alcance de todos los miembros de la sociedad, sin discriminación ni censura, para su conocimiento, uso y disfrute.

La recuperación y salvaguarda del patrimonio como una responsabilidad compartida: Los registros que conforman el patrimonio bibliográfico son obra y memoria de distintos grupos de la sociedad, están dispersos dentro y fuera del país y se producen en distintos formatos. Por lo tanto, si bien la Biblioteca Nacional es responsable de la recuperación, salvaguarda y acceso a este patrimonio, esta tarea, en toda su amplitud, no puede darse más que mediante un esfuerzo conjunto en el que se creen redes de trabajo y cooperación, se distribuyan responsabilidades y se aúnen recursos.

Por último, y ya en otro orden de ideas, la necesidad de adaptarnos al contexto digital como el nuevo escenario de producción y circulación de la información, de aprovechar sus ventajas en nuestra tarea y de vincularnos por este medio a otras redes de ciencia, cultura y conocimiento de Colombia y del mundo.

El documento de política, que pone en discusión estos y otros temas relacionados con los diferentes componentes de la gestión del patrimonio bibliográfico ha sido ya puesto en discusión en varios escenarios y este año se promoverán mesas de trabajo para profundizar en cada uno de ellos.

Entre tanto, la Biblioteca Nacional ha empezado a reorientar sus acciones alrededor de estos principios generales. Esto le ha implicado modernizar su infraestructura tecnológica, digitalizar sus colecciones y desarrollar políticas de contenidos de acceso abierto, conformar redes de trabajo y empezar a asumir asuntos legales y normativos que le permitan cumplir con su tarea en el escenario actual.

 

2. Una infraestructura para el contexto digital

El camino hacia el acceso abierto de la información en la historia de la Biblioteca Nacional, se inicia en 1999, cuando traslada su catálogo de fichas al catálogo automatizado y lo pone al alcance del público a través de internet.

En 2009, en un panorama dominado cada vez más por lo digital y ante la urgencia de instalarse en esta nueva realidad o ir perdiendo relevancia nacional e internacional, la BN desarrolla su plan estratégico para los siguientes 10 años. Este contempla, entre otras acciones, la renovación tecnológica para la digitalización y acceso a sus fondos históricos. Una donación del gobierno coreano, que se tradujo en equipos de última tecnología, nos permitió inaugurar a principios de 2010 el taller de digitalización de la Biblioteca Nacional.

A su vez, un equipo conjunto de coreanos y personal de la Biblioteca definió la hoja de ruta a seguir para la construcción de la Biblioteca Nacional Digital. Esta hoja de ruta reúne un conjunto de acciones basadas en parámetros técnicos y de estandarización, y propone un modelo de gestión que contempla tres estrategias: digitalización de documentos, arquitectura de información y diseminación de la información en formato abierto.

Cuadro 1: Modelo roadmap Digitalización y conservación del patrimonio histórico de la Biblioteca Nacional          

El seguimiento de esta hoja de ruta y una inversión importante en la modernización tecnológica, nos han permitido contar hoy con una biblioteca digital que llega a un público mucho más amplio, y nos abre el camino hacia la intercomunicación con otras redes de información nacionales y mundiales.

 

3. Políticas de digitalización y acceso: 

Hoy la Biblioteca tiene al servicio del público 4.200.000 páginas digitales que equivalen a 35.000 títulos. La forma como hemos ido organizando el plan digital ha obedecido a distintos criterios y circunstancias.

El criterio inicial para la digitalización fue el de proteger nuestros principales fondos históricos, particularmente aquellos de gran uso y que están en riesgo de deterioro.

Obviamente, y en tanto la legislación no nos permita hacerlo de otra manera, nuestro trabajo se ha concentrado  en las obras que están en dominio público, es decir, aquellas cuyos autores hayan fallecido hace más de 80 años. 

Un tercer criterio, que debería constituirse en política nacional, es el de hacer acuerdos entre instituciones de manera que no se duplique el trabajo.

Y puede resultar provechoso también vincularse a grandes momentos o celebraciones lo que permite la confluencia de intereses y recursos, así como también, poner a servicio de esas mismas celebraciones el material histórico y documental de las bibliotecas.

Fue lo que hicimos con ocasión de la celebración del Bicentenario de la Independencia, que fue nuestro punto de partida para la digitalización. En una labor conjunta por poner los principales fondos de la Independencia al servicio de estudiantes e investigadores, la Biblioteca Luis Ángel Arango y la Biblioteca Nacional hicimos un plan concertado según el cual esa entidad se encargaría de la prensa de la época y la Nacional, con recursos de Ministerio de Educación, digitalizó en su totalidad el Fondo Pineda, una de las colecciones más importantes del periodo de la Independencia. A esta le siguió la digitalización del Fondo Quijano, y un trabajo de recuperación de la obra de los compositores Centenaristas, que hace 100 años celebraron la Independencia nacional.

El interés por ampliar públicos, por crear redes de trabajo y circulación de contenidos y por usar los adelantos tecnológicos para poner a disposición de los usuarios los materiales que conservamos, nos ha llevado a crear un laboratorio para el desarrollo de conocimiento y la experimentación con las tecnologías. Nace así el Laboratorio Digital de la Biblioteca Nacional, el LaBn, con el que inicialmente hemos desarrollado facsimilares digitales de alta calidad con nuestros tesoros bibliográficos, exposiciones virtuales temáticas realizadas por historiadores, y un proyecto editorial digital, que da unidad visual y conceptual a libros que están dispersos en nuestros fondos. Tal fue el espíritu que animó, por ejemplo, la digitalización de la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana y de otros folletos, revistas y documentos que dan cuenta de la historia contemporánea de la Biblioteca Nacional de Colombia. En el primer mes de lanzamiento se hicieron alrededor de 8.000 descargas, de las cuales la mitad venía de fuera del país. Este proyecto fue presentado en el último congreso de la American Library Association, como ejemplo de la primera biblioteca de habla hispana en unirse a un proyecto de distribución de contenidos patrimoniales por tableta.

Este es un campo al que tenemos que adaptarnos rápidamente, entendiendo las consecuencias de nuestras decisiones, explorando distintos escenarios, experiencias y nuevas formas de trabajo entre los distintos actores. Por esta razón, desde el año pasado nos unimos a la BLAA para compartir un espacio de pensamiento en el que se han invitado expertos internacionales para discutir, desde distintas miradas, las implicaciones que tiene para las bibliotecas, públicas y patrimoniales, trabajar en el contexto digital.

Esto, de manera muy sintética es el trabajo que estamos adelantando en relación con nuestros fondos. Aunque aún con recursos muy limitados, la Biblioteca Nacional promueve también la investigación de otros fondos y colecciones de interés mediante becas y estímulos. Tres ejemplos interesantes muestran el resultado de estas becas:

La transcripción del manuscrito Arte de la lengua saliba segun el methodo mas facil a que se pudo reducir el idioma despues de muchas correciones fho. en este pueblo de San Miguel del Macuco en 15 de julio de este precente año de 1790, transcripción que será de gran ayuda no sólo para su análisis lingüístico, sino para la interpretación de una de las culturas más importantes en la historia de la cuenca del Orinoco[2].

La recopilación y digitalización de 75 títulos de prensa del Tolima del siglo XIX, que incluyó la ubicación y organización de títulos dispersos, y el acopio de información histórica y de contexto para cada uno de los títulos. Como parte de la socialización, los becarios participaron en el Congreso de Historia en Neiva y en el congreso sobre Historia de la Prensa en México[3].

“Tras las huellas documentales Misak. Vida y pensamiento de nuestros mayores”, que consistió en la organización, clasificación y conservación del archivo personal del taita Javier Calambas, que contiene buena parte de la documentación producida por la comunidad indígena del Cauca: fotografías, folletos, afiches, recortes de prensa y manuscritos.  Con ello se busca fortalecer el espacio social de la Biblioteca Misak visibilizando los conocimientos de taitas y mamas en diversas expresiones[4].

4. Creación de redes y proyectos cooperativos

Más allá de las bibliotecas de carácter estatal, hay muchas otras entidades, públicas y privadas, nacionales y extranjeras, que tienen en sus fondos o producen materiales de autores o sobre temas colombianos. Las tecnologías digitales hacen posible no sólo que públicos remotos puedan tener acceso a cada una de estas colecciones, sino crear consorcios y proyectos cooperativos que permitan el control bibliográfico nacional y la conformación de una biblioteca digital colombiana en la que confluyan fondos y se le facilite a los usuarios la ubicación y uso de los documentos y registros que la conforman.

En este momento se están desarrollando procesos de digitalización en las grandes bibliotecas del país y 13 universidades pusieron en marcha la Biblioteca Digital Colombiana. Sin embargo, en materia de organización y acceso al material patrimonial, estamos dando los primeros pasos para la creación de un sistema que permita el trabajo colaborativo y organizado. Son pasos sustanciales en la dirección de organizar la información, incluirla en un catálogo general y ponerla al acceso del público. 

En primer lugar, desde el principio se tuvo claro que la tarea digitalización debía hacerse según estándares internacionales con el fin de que los documentos y bases de datos de la BN pudieran compartirse e integrarse a otros sistemas. Para ello  hemos establecido unas directrices que han guiado nuestro trabajo:

Todo material digitalizado por la BN o financiado con recursos estatales debe ser de acceso público y gratuito, respetando la legislación vigente de derechos de autor.

Todos los documentos e investigaciones que se produzcan en la BN serán también de acceso abierto y gratuito y, en lo posible, deben poder ser usados, copiados, descargados y transformados libremente.

Todo documento digitalizado debe llevar metadatos bajo estándares abiertos con el fin de que la información pueda ser compartida.

Para evitar la duplicación de trabajo y desperdicio de recursos, se buscarán proyectos cooperativos y se realizarán bajo criterios de interoperabilidad.

Por otra parte, hemos iniciado distintos proyectos y alianzas que permitan compartir registros y contenidos.

Una primera acción en este sentido fue la puesta en marcha del Catálogo Nacional del Patrimonio Bibliográfico, con el fin de ir reuniendo en una sola base de datos los registros de las distintas colecciones y fondos patrimoniales colombianos para facilitar su consulta y ubicación y para avanzar en la elaboración de la bibliografía colombiana. Hasta el momento se han integrado a este catálogo 17 bibliotecas, entre públicas, privadas, religiosas y universitarias. Como dato significativo es que un 68% de los registros incluidos en este catálogo no estaban en la base de datos de la Biblioteca Nacional.

Muchas entidades conservan documentos y material bibliográfico de interés sobre la vida cultural, social o política del país o sobre personajes colombianos. Muchas veces estas colecciones están sin catalogar y cerradas al público general. Hemos visto entonces la importancia de establecer convenios para la catalogación, digitalización y acceso a ese material, lo que nos permite, además, unificar colecciones así sea de manera virtual y ponerlas al alcance del público. Un trabajo muy fructífero ha sido el desarrollado con el Instituto Caro y Cuervo y con la Academia Colombiana de la lengua para catalogar y sacar a la luz documentos de Rufino José Cuervo y de Rafael Pombo.

Digno de mención también por el inmenso interés del fondo es el convenio tripartito que firmamos con la Universidad de los Andes y el Archivo Histórico Restrepo para su catalogación y digitalización. Este archivo reúne documentos inéditos producidos durante la época de la Independencia. Su digitalización constituye un hito en la integración de archivos privados al acervo público digital, con lo cual se enriquecerá de manera importante el acervo documental sobre sobre este período de nuestra historia.

En el campo internacional, valga mencionar las alianzas con el Instituto Iberoamericano de Berlín y la Universidad de Pittsburg, así como con el Ministerio de Relaciones Exteriores, para el registro y recuperación de producción de autores nacionales o sobre Colombia en el exterior.

El establecimiento de convenios para la digitalización planificada y la constitución de una gran biblioteca digital colombiana implica poner en práctica una cultura de cooperación interinstitucional que puede ser positiva y necesaria para el trabajo que nos espera. El tamaño de la tarea y de los recursos asociados a ella, los rápidos desarrollos tecnológicos, las formas novedosas e inéditas de interactuar en la red, las trabas legales para el acceso y uso de los materiales digitales, hacen que sea necesario crear frentes comunes de investigación, trabajo y negociación. En este sentido, hemos iniciado una serie de acercamientos entre cuatro entidades, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Luis Ángel Arango, la Universidad Nacional y la Biblioteca Piloto de Medellín, para desarrollar un piloto de lo que sería un Portal Digital del Patrimonio Bibliográfico Colombiano, piloto que esperamos nos permita diseñar modelos eficientes de cooperación. Nosotros nos vinculamos a ese proyecto con la elaboración de la mapoteca digital colombiana, una tarea que iniciamos hace dos años y que ha sido también un ejemplo de integración de colecciones públicas y privadas en un solo portal y bajo unos mismos estándares de identificación y visualización.

5. Documentos nacidos digitales, el gran reto:

Quizás uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos hoy tiene que ver con la recuperación, conservación y acceso a documentos nacidos digitales. Su puesta en marcha tiene implicaciones técnicas y tecnológicas, legales y financieras de gran calado. Sin embargo, en la medida en que no nos preparemos para hacerlo, al menos parcialmente y por etapas, veremos crecer el inmenso vacío de información que se produce y circula en formato electrónico, información sobre los más variados temas del acontecer nacional, que no estamos conservando para la memoria porque aún no estamos preparados para hacerlo.

Por esta razón hemos iniciado una serie de estudios y acciones orientadas a diseñar una política y prepararnos para dar inicio, si no al acceso, al menos a la recuperación y almacenamiento de este material. Con este fin se establecieron tres líneas de trabajo que avanzan de manera paralela:

Depósito voluntario de obras digitales: En primer lugar, y en tanto se define un marco normativo para el depósito legal de este material, la Biblioteca Nacional está promoviendo el depósito voluntario de obras y contenidos digitales que pueden ser depositados por el autor, editor o productor, directamente en nuestra página.

Recuperación de páginas web: En cuanto a los sitios web, dado su inmenso caudal, su mutabilidad y los requerimientos tecnológicos que implicaría para la Biblioteca Nacional adelantar el harvesting (copia de sitios web) por su propia cuenta, se ha optado por la opción más sencilla. Contratar los servicios de Internet Archive, organización que cubre las necesidades de copia, almacenamiento y acceso a dichos recursos. Este servicio es usado por instituciones como la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, la Biblioteca Nacional de Francia, la Biblioteca Nacional de Australia y la Biblioteca Nacional de España, entre otras y a nosotros nos servirá de piloto para iniciar con esta labor y tener una dimensión de lo que significa esta tarea.

Directrices/política para la implementación del depósito legal: Entre tanto, hemos avanzado en la definición de las directrices y de la política para la implementación del depósito legal digital, a partir de un estudio sobre las experiencias en otras bibliotecas nacionales como Francia, Alemania, España y Nueva Zelanda, así como en la propuesta de una normativa, que se puso en discusión entre diversos sectores y que implica cambios en la Ley de derechos de autor.

Excepciones al derecho de autor: mientras se reforma la legislación, de manera que se permita tanto la conservación como el acceso a los documentos digitales, hemos propuesto que se incluya en un proyecto sobre excepciones y limitaciones al derecho de autor que actualmente cursa en el Congreso, un artículo que permita a la Biblioteca Nacional, como entidad responsable de la salvaguarda del patrimonio bibliográfico nacional, llevar a cabo la copia de estas obras con fines de preservación.

6. Otro obstáculo para el acceso: obras huérfanas y descatalogadas

Obras descatalogadas

En la búsqueda por hacer que el patrimonio cultural esté al acceso público en los medios digitales, existe otro tipo de material que requiere atención. Se trata de las obras descatalogadas, es decir, obras protegidas por el derecho de autor pero que no han vuelto a ser editadas y por lo tanto no se consiguen en el mercado. Su volumen y representación en la masa documental que constituye el patrimonio intelectual del país es tal, que resulta vital encontrar una solución para que las bibliotecas puedan poner estas obras nuevamente al alcance del público de forma digital.

Obras huérfanas

Las obras huérfanas son aquellas cuyo titular de derechos no está identificado o, aunque lo esté, no puede ser localizado. Esta situación hace imposible tramitar autorizaciones para usar las obras, así se haga con fines de conservación, educación o cultura. Aunque no tenemos datos exactos de qué volumen del material que tiene la Biblioteca Nacional corresponde a obras huérfanas, su importancia se hace evidente cuando se abordan proyectos de divulgación relacionados con obras o autores del siglo XX. Por poner un ejemplo, de los 100 libros que conforman la colección Samper Ortega que quisimos digitalizar y poner en nuestro portal el año pasado, cerca del 50% (200 escritores colombianos) no pudo hacerse público porque sus autores no han cumplido 80 años de fallecidos y no hay un registro o herederos identificados que nos permitan legalizar su reproducción digital.

Este es un tema en el que la Unión Europea ya sentó una posición con la aprobación de una directiva que permite la digitalización y acceso público de estas obras, una vez cumplidos unos pasos previos, como la búsqueda diligente del autor. Colombia está en mora de iniciar esta discusión.

 

III. Las bibliotecas públicas: espacios para la información, la lectura y la participación

Finalmente, y sin querer explayarme, quiero cerrar esta charla con lo que ocurre hoy en el campo de las bibliotecas públicas. Esta red de 1406 bibliotecas es el principal espacio cuando no el único que tienen muchas de las poblaciones del país para acceder a los libros y a otras fuentes de información. Según datos del Cerlalc, en 2009, que es el último reporte que tenemos, había en Colombia 405 librerías con 624 puntos de venta, incluyendo las librerías universitarias. El 44% de estos puntos de venta se concentraban Bogotá, el 10% en Medellín y el 8% en Cali. 13 departamentos del país tenían menos de 5 librerías y 6, apenas una en la ciudad capital. Cuatro departamentos no tienen ni una librería en todo su territorio. Esto quiere decir que en la mayoría de municipios de estos departamentos casi el único medio de acceso al libro son las bibliotecas públicas.

Desde su origen, en 2003 el Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas coordinado por el Ministerio de Cultura concentró sus esfuerzos en ampliar la cobertura de bibliotecas públicas para llevarlas a todos los municipios, cosa que ya se cumplió, a dotar de colecciones las bibliotecas y a formar a los bibliotecarios. En cuanto a la conectividad, todavía hoy menos de un 25% de las bibliotecas de la red tiene conectividad.

Si bien las bibliotecas son coordinadas por el Ministerio de Cultura, estas dependen directamente de los municipios y departamentos, y por esta razón su crecimiento y desarrollo es muy irregular y altamente dependiente de la voluntad de las administraciones de turno.

En 2010, buscando darles estabilidad y sostenibilidad se promovió la ley de bibliotecas, que fue sancionada en enero de 2010. Ente los beneficios de esta Ley uno de los más importantes fue haber establecido una fuente de recursos específicos para el desarrollo de las bibliotecas públicas. Luego de muchas vicisitudes y de una dura batalla en el Congreso, este año finalmente se logró que esta fuente de recursos quedara incluida en el Estatuto Tributario y los recursos se hicieron efectivos. Esto permitirá una inversión importante y sostenida para que esos espacios cuenten con la infraestructura, la dotación y los servicios necesarios para convertirse en polos de desarrollo y participación para las comunidades.

En este momento, sin dejar de invertir recursos en la actualización de colecciones, el gobierno está haciendo un gran esfuerzo por llevar conectividad y equipos a todas las bibliotecas del país. Gracias a una alianza con el Ministerio de Tic y al proyecto que presentaremos a final de año a la Fundación Gates, esperamos que esto sea posible en un plazo máximo de tres años y que la conectividad vaya acompañada de formación, mejores servicios, una oferta de contenidos y plataformas para la participación y la producción de contenidos locales.

Sin embargo, el gran reto del país sigue estando centrado en la generación de capacidades para la lectura. La infraestructura, aunque susceptible de mejorar, está tendida, al igual que los recursos bibliográficos y tecnológicos. Lo importante ahora es que los niños lean, los jóvenes encuentren recursos para encaminar su curiosidad y su creatividad y los adultos quieran encontrar nuevos caminos para progresar como personas. Esperamos que un paso seguro en esa dirección lo constituya la actual política de primera infancia, si se le da continuidad.