Volumen 4: historia y memoria local
Cómo recordamos

Postales de memoria, cosiendo heridas en la tierra

La memoria de las comunidades se construye a través de los sucesos, sentidos y significados a los que se enfrenta su experiencia día a día. Algunas de estas memorias, construidas sobre la base de eventos dolorosos, pueden llegar a la transformación misma de la comunidad, conduciendo a que esta quede marcada por su huella a través del tiempo. Sin embargo, el carácter propio de las comunidades puede hacer frente a pasados dolorosos, dando lugar a vínculos comunes, que unen a las personas y a los territorios, y creando nuevas memorias que, como las que aquí nos comparten los habitantes de Pasuncha, nos hablan de cómo una comunidad resistió, se enfrentó y se impuso ante la tragedia. 


Por: Comunidad de Pasuncha
Vereda de Pasuncha (Pacho - Cundinamarca)
Biblioteca Rural Itinerante Universal de Pasuncha

 

La guerrilla no solo intimidó, torturó, desapareció y mató a gran parte de la población, también secó la tierra, agrietó el buen vivir, desplazó a muchas personas que se fueron o sacaron a sus hijos de la región para prolongar la existencia. Estas situaciones quiebran las costumbres y las tradiciones. Por eso, después de todo lo que pasó, llega el momento de la tranquilidad y en él hay que coser las heridas de la tierra pasunchana

Después de tiempos muy tristes y dolorosos, Pasuncha renace con alegría, paz y trabajo. La guerrilla no regresó más, no se volvieron a llevar la gente, no hubo más personas torturadas, desplazadas, ni muertas. Algunos de los que se fueron ya están regresando y otros recuerdan este terruño con nostalgia.

Desde siempre se reconoce al pasunchano como una persona alegre, trabajadora, echa’a pa’lante y, aunque no siempre haya sido bueno contarlo, porque también hubo sangre, el pasunchano es respetado y liberal por siempre.

Pasuncha ahora es un bello paraíso, acogedor, de buen clima, de tierras productivas, de gentes valientes y prósperas, un lugarcito donde todavía se disfruta el amanecer, el sonido de las aves, los paisajes, las deliciosas frutas de la tierra, el paseo al río, los atardeceres y, por supuesto, las buenas historias.