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Breve historia de la censura, nueva exposición en la Biblioteca Nacional de Colombia
Biblioteca Nacional de Colombia
16/06/2023
​​“Impía, inmoral, corruptora y maldita”. Esta era la descripción que hacía la pastoral aprobada por la Conferencia Episcopal en 1913 sobre la prensa  de tendencia liberal y, bajo amenaza de excomunión y la pena de pecado mortal, mantenía a sus feligreses a distancia de la información. 

Es que la censura y sus formas han dependido de contextos sociales, ideológicos y políticos que varían con el tiempo. Sobre eso, sobre sus razones, la manera como se ha ejercido, las formas que tomó históricamente, el sentido de la libertad de prensa y el papel fundamental de los periodistas, trata la exposición Breve historia de la censura: dos siglos entre el control y la libertad de expresión en Colombia, que estará abierta hasta el próximo 30​ de  septiembre de 2023 y que puede recorrer en nuestra página web dando clic aquí.​​

“La muestra es un recorrido por doscientos años en los que se pueden reconocer, al menos, cuatro periodos durante los cuales se ejerció la censura oficial. Es un ejercicio de memoria que busca llamar la atención sobre las restricciones ejercidas por la Iglesia y el Estado sobre la palabra escrita, especialmente la prensa, y reflexionar sobre sus posibles efectos en la sociedad”, señala Paola Ruiz, curadora de la exposición y quien es doctora en Historia por El Colegio de México, investigadora y autora del libro Federalismo y descentralización en la Nueva Granada 

Breve historia de la censura se construyó con los acervos de la Biblioteca Nacional de Colombia y con algunos documentos del Archivo General de la Nación y el Museo y Archivo Histórico de la Universidad Externado de Colombia. Estará abierta al público hasta la tercera semana de agosto de 2023, en la sala de exposiciones y en el hall central del edificio —está compuesta por libros, periódicos y revistas— y tendrá una versión web para que su consulta esté disponible en todas las latitudes, incluso después de concluida la muestra. 

“Una conclusión de esta mirada histórica que hace la exposición es que, a pesar de las multas, los cierres de imprentas y el apresamiento de escritores y editores, la censura oficial no ha impedido por completo la publicación y circulación de información”, resalta Adriana Martínez-Villalba, directora de la Biblioteca. “Porque, por el contrario, uno de los efectos de esas restricciones de publicación ha sido la recursividad —diría también heroicidad— de los periodistas y editores para encontrar maneras de superar las limitaciones y lograr que la información circule. La exposición es eso: un elogio a la libertad de prensa”. 

La literatura también tiene parte en esta exposición. La iglesia calificaba las novelas, cuya proliferación representaba una amenaza para la moral de la familia. Al escritor bogotano José María Vargas Vila, por ejemplo, autor de Aura o las violetas (1887) e Ibis (1900), lo excomulgaron, lo clasificaron como un “novelista malo” por ser “un impío furibundo, desbocado blasfemo, desvergonzado calumniador, escritor deshonesto, clerófobo” y otros cuantos calificativos por el estilo, que, no obstante, no lograron anular su obra, pues finalmente sus libros han sido objeto de múltiples ediciones. 

¿Cuál es el legado de esos periodos de censura? ¿Qué significa “libertad de expresión” bajo esta mirada? ¿Cómo enfrentamos hoy la desinformación y las noticias falsas? 

La exposición Breve historia de la censura tendrá un programa público asociado —charlas y talleres—, cuyo propósito es reflexionar sobre estas preguntas, cuando el flujo de información a través de redes sociales impone nuevas dinámicas en las que las formas de ejercer y percibir la censura tienen también nuevas perspectivas. 

Para tener en cuenta 
 
Dirección de la Biblioteca Nacional de Colombia 
Calle 24 No. 5 –60, Bogotá .
 
Horarios de la Biblioteca
Lunes a viernes: 8:00 a. m. a 5:00 p. m. 
Sábados: 9:00 a. m. a 4:00 p. m. 

Manténgase al tanto de esta y otras actividades en nuestras redes sociales y en nuestra página web. 


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Breve historia de la censura 

Durante la colonia prevaleció la censura previa: todo libro que se fuera a publicar debía contar con aprobación de la corona española y de la iglesia. La traducción e impresión de la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano que hizo Antonio Nariño en 1793 fue uno de los casos más notables del impacto de estas restricciones, pues la publicación le implicó a Nariño, a su impresor y a su defensor, sentencia a prisión, confiscación de bienes y destierro.  

Más adelante, en 1821, tras la Independencia, se expidió una ley sobre libertad de imprenta que imponía, sin embargo, ciertas restricciones. Quienes las violaran eran denunciados y llevados a juicio. Para entonces los escritos que atacaran la religión eran considerados subversivos, los que promovieran la perturbación de la tranquilidad pública, sediciosos; los que atentaran contra la moral y la decencia pública, obscenos; y los que vulneraran el honor de una persona, libelos inflamatorios.  
 
Estos delitos de imprenta, que habían dejado de existir en 1851, volvieron a aparecer en 1886, con la expedición de la Constitución Política de Colombia. El método fue la censura represiva, con imposición de multas, arresto de periodistas y suspensión de periódicos. “La historia patria nos enseña que la prensa incendiaria ha precedido siempre a las revoluciones y a las guerras civiles”, decía para entonces Miguel Antonio Caro, uno de los líderes de la Regeneración.   

Esa política restrictiva se redujo en 1909 con la caída del gobierno de Rafael Reyes, y regresó a la vida nacional tras el Bogotazo, cuando las autoridades reimplantaron la censura con el objetivo de calmar los ánimos. En 1949 se creó una oficina de censura y un cuerpo de censores que determinaban cuáles informaciones podían o no ser publicadas.  

“El gobierno ha dado órdenes terminantes y claras de que la censura debe limitarse a evitar publicaciones subversivas encaminadas a perturbar el orden público (…) Así, se ha impedido decir que el Excmo. Dr. Gómez es un presidente de facto, (…), que los bandoleros son revolucionarios y oprimidos que pelean por buena causa; que el ejército y la policía asesinan, roban, incendian, etc.”, decía un memorando sobre el ejercicio de la censura dirigido al ministro de Gobierno a comienzos de los años 50.  

Con el tiempo la presión fue creciendo tanto, que hasta los ya para entonces reconocidos diarios de circulación nacional El Tiempo y El Espectador fueron cerrados en 1955 y 1956, respectivamente. 

“No se conoce en historia vieja ni nueva, caso en que hubieran coexistido gobiernos autócratas y periódicos libres”.  La frase, adjudicada a “un noble espíritu” fue citada por Eduardo Santos en un texto que escribió tras el cierre de El Tiempo, cuyo director se negó a reproducir un texto impuesto por la dictadura de Rojas Pinilla.   

Ambos diarios volvieron a publicarse en 1957 cuando el fin de la dictadura permitió restituir la libertad de prensa. Y como expresó Alberto Lleras el 8 de junio de ese año, en la primera edición tras el cierre, “los colombianos todos sabemos que en esa elemental libertad se condensan y residen todas las demás”.  

Lo cierto es que como estrategia para disciplinar a la sociedad, conservar la moral, detentar el poder o mantener el orden social, la censura es un fenómeno presente en la historia nacional. Con periodos de intensidad y otros de más libertad, ha sido una práctica ejercida con frecuencia para limitar la circulación de ideas consideradas nocivas.